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NOTORIOUS (Alfred Hitchcock)

  • 5 feb
  • 3 Min. de lectura

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Alicia Huberman, hija de un nazi condenado, es reclutada por un agente del gobierno estadounidense para infiltrarse en un círculo de antiguos colaboradores del régimen. Lo que comienza como una misión de espionaje se convierte en un conflicto íntimo donde el amor, la desconfianza y el sacrificio se entrelazan. En Notorious, Hitchcock desplaza el suspenso hacia el interior de los cuerpos: amar se vuelve una operación de riesgo, y la lealtad, una prueba silenciosa. La película no trata solo de secretos de Estado, sino de cómo el deseo puede ser utilizado, vigilado y puesto al límite.




La película inicia con Alicia Huberman (Ingrid Bergman) saliendo del juicio en el que su padre es declarado culpable de espionaje nazi. Desde ese momento, Alicia queda marcada por una culpa heredada, por una falta que no le pertenece del todo. En una fiesta conoce a Devlin (Cary Grant), presentado de espaldas, como una silueta sombría: una entrada que anticipa su posición en la historia, siempre a medio camino entre el deseo y la ley. Devlin la convence de llevar a cabo una misión en Brasil como infiltrada. No solo se trata de una decisión profesional: desde el inicio, Alicia es ofrecida como moneda de cambio.


En Brasil se conforma un triángulo que no es simplemente amoroso, sino estructural. Alicia y Devlin, ambos espías, son incapaces de nombrar su relación ni ante sus superiores ni ante Alex (Claude Rains), objetivo de la misión. Alicia duda si Devlin realmente la ama o si solo la utiliza; sin embargo, movida por ese amor —y por una lealtad que nadie le exige explícitamente— acepta incluso casarse con Alex. El amor, aquí, no aparece como refugio, sino como campo de sacrificio. Cuando Alex descubre el espionaje y la relación entre ella y Devlin, decide junto a su madre envenenarla lentamente, sin escándalo, sin ruido: una violencia administrada, doméstica, perfectamente integrada al orden.


La unión de opuestos es el motor de la historia: autoridad contra rebeldía, justicia frente a crimen, ley frente a deseo. Alicia es una mujer intensa y desafiante, pero también profundamente vulnerable. No es solo una espía: es el lugar donde se cruzan el mandato del Estado, el deseo masculino y el castigo moral. Su cuerpo no es únicamente objeto de amor o traición, sino el territorio donde se juega la política. No se infiltra: es infiltrada.


Alex, pese a ser mayor que Alicia, mantiene un vínculo asfixiante con su madre. Ella no es solo una figura posesiva, sino la encarnación de una ley mortífera: protege el orden incluso al precio de la vida. Alex no actúa por deseo propio; obedece. Su sumisión hacia las figuras femeninas es tal que el embrutecimiento que le provoca Alicia termina por hacerlo hablar de más, revelar sin querer su secreto. Su crimen no nace de la pasión, sino del miedo a perder el lugar que la ley materna le garantiza.


Devlin, en contraste, es un hombre serio, contenido, aparentemente íntegro. Ama a Alicia, pero no se autoriza a amar. Cede su deseo a la misión, al mandato, a la agencia. Prefiere que el sacrificio lo haga ella. Su moral es correcta, pero su ética es frágil: actúa tarde, cuando el daño ya está hecho. Su heroísmo no borra la deuda; apenas la administra.


La película despliega múltiples relaciones de poder: entre amos y esclavos, entre países y Estados, entre agencias de inteligencia, dinero e información, entre hijo y madre, hasta desembocar en la más compleja de todas: el amor como lugar de obediencia y de riesgo. Hitchcock no idealiza ninguna de ellas. Las muestra funcionando.


Formalmente, Notorious es cine en estado puro. Hitchcock construye una narrativa eminentemente visual, donde cada plano está cargado de sentido. El célebre plano de la llave no abre solo una bodega: abre toda la estructura del relato. Es un objeto mínimo que sostiene un riesgo desproporcionado. Lo mismo ocurre con la hielera, con las botellas de champagne que se vacían: planos “inocentes” que, por montaje y duración, se convierten en dispositivos de angustia. Nada es accesorio; todo participa de la misma lógica.


Hitchcock no es un director técnico: es un estratega del deseo. Controla cada elemento de la puesta en escena para producir exactamente la emoción que busca, pero también para dejar una herida. El rescate final no redime. Llega, sí, pero llega tarde. Notorious no absuelve a Devlin; simplemente lo deja vivir con su acto.


Más que una historia de espionaje, Notorious es una película sobre el precio de amar bajo mandato. Sobre lo que ocurre cuando el deseo se posterga en nombre de la ley. Y sobre la violencia silenciosa de un orden que prefiere sacrificar cuerpos antes que arriesgar su estabilidad.

Notorious (Alfred Hitchcock, 1946)





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